Con el suicidio… ¿y mañana qué?

Amanece un nuevo día. Otra vez es 10 de septiembre. Otro día plagado de lazos amarillos que nos recuerdan que hay muchas personas, demasiadas… que cada once minutos, en algún lugar del mundo, deciden que su vida no tiene sentido.

3.808 personas en España.

3.808…

Personas de carne y hueso. Con nombres y apellidos. Con historias de vidas truncadas. Y, con su partida, un reguero de dolor.

Personas, que, más allá de las cifras en negras estadísticas, han sucumbido ante su terrible experiencia de sufrimiento.

Personas que deciden acabar con su dolor, terminando con su vida. Renunciando a un nuevo amanecer. Abandonando lo único que nos mantiene aquí. O lo que es lo mismo: una sola decisión y el deseo de dejar de respirar.

Personas que tal vez pidieron ayuda. O tal vez no. Que quizá dieron muestras de su cansancio o de su hartazgo. O tal vez no. Que puede que lo hubieran intentado ya antes. O puede que no. Que parecían tener vidas normales y todas las causas para ser felices. O que no… Que fueron diagnosticadas con depresión, ansiedad… O no. Seguramente, no.

Personas. 3.808 personas.

3.808 personas. El drama de un sistema que se quiebra. Y que falla en su conjunto.

Hoy, quizá, podamos achacarlo a que vivimos  presos y esclavos de una vida que transcurre tras las pantallas. De esta siempre inalcanzable felicidad que se exhibe en las redes sociales.

Pero el suicidio, que es como se llama, siempre ha existido. Y tal vez siempre exista.

Reitero. Se llama suicidio.

Y existirá mientras nos cueste llamarlo por su nombre. Mientras lo silenciemos porque nos avergüence. Mientras no hablemos del suicidio en clave de prevención.

Mientras el sistema de salud mental no contemple todas las realidades. Mientras la salud (también la mental) sea un privilegio no accesible a todos los bolsillos. Mientras que la realidad de muchas personas sea un camino cada vez más empinado, en que la ventana de oportunidades se estrecha.

 

Mientras el pesimismo y el desaliento nos roben el aire. Mientras los ánimos estén tan caldeados que la agresividad y la violencia sean el pan nuestro de cada día. Mientras sigamos haciendo la vista gorda ante lo injustificable.

Mientras el acoso y la violencia en las aulas, en las oficinas, en la calle, en las redes… sea ese otro elefante en la habitación al que nos cuesta mirar. Mientras sigamos normalizando la agresividad y la falta de humanidad.

Mientras la sociedad y sus cánones nos exijan responder a un patrón. Mientras la locura por esa moda de imágenes y cuerpos estandarizados sigan ganando posiciones, haciendo gala de cuerpos que no… que sencillamente no son…

Mientras las adicciones, las compulsiones y las dependencias varias sigan formando parte de nuestra más cotidiana, dura e inconsciente existencia.

Mientras la humanidad y la compasión y la amabilidad y la vida… se vayan al garete…

Mientras todo esto sea… una persona en algún lugar del mundo, justo ahora, en este momento, está decidiendo que su vida no tiene sentido.

Y duele. Duele a quienes nos quedamos. Duele a quienes seguimos buscando respuestas en esta caja de pandora que, de diez en diez de septiembre, nos recuerda que hay personas para quienes, sencillamente, el sufrimiento es ya insoportable.

Y para estas personas, mañana, 11 de septiembre, ya no habrá un nuevo amanecer. Y para nosotros y nosotras, sus supervivientes, la vida, por momentos, será como un pozo inagotable de dolor y de culpa y de abandono y de rechazo, de miradas bajas, de incómodos silencios  y de incomprensión… ante un sistema que hoy -eso sí- exhibe lazos amarillos.

Y mañana… ¿mañana qué?

 

PERMÍTEME QUE ME DIRIJA AHORA A TI, QUE TAL VEZ, EN ESTE MOMENTO, NO ENCUENTRAS MOTIVOS PARA VIVIR:

Si sientes que no puedes más, que tu vida no tiene sentido y que la desesperanza se ha apoderado de tu estado de ánimo, por favor, pide ayuda.

No estás solo. No estás sola.

Para. Toma un respiro. Y por mucho que creas que no podrás soportar más, recuerda que «este momento también pasará».

Marca el 024. Es la línea de atención a la conducta suicida.

Habla con el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717 

Llama a un familiar o un amigo/a y cuéntale cómo te sientes.

Pide ayuda. Busca atención especializada.

No estás solo. No estás sola.


 

Si eres familiar o amig@ de alguien que decidió marcharse, contacta con la Asociación Andaluza de Supervivientes, UBUNTU. Sabemos de tu dolor. Compartimos tu dolor. Y nos ayudamos mutuamente.

 


 

Si eres profesional de los medios de comunicación y quieres ejercer un periodismo verdaderamente preventivo, contacta con la Red de Periodistas para la Prevención del Suicidio, en el que un nutrido grupo de periodistas queremos informar… Sí. Pero bien.

 

 

 

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