03 Mar Conductas adictivas, más allá del estigma
Hace apenas unos días, en mi canal de YouTube, reflexionaba sobre las conductas adictivas, compulsivas y dependientes, el elefante en la habitación al que nos cuesta mirar y sobre el que circula un profundo estigma. Y es que, cuando pensamos en la conducta adictiva, seguimos haciéndolo desde una mirada absolutamente sesgada y condicionada por una realidad que apreciamos solo a medias.
Antes de que continúe leyendo, les voy a pedir un favor. Cierren los ojos, durante unos instantes. Tomen un par de respiraciones profundas. Y, con total honestidad, traten de traer a su conciencia, la imagen de una persona adicta.
¿La tienen?
¿Me equivoco al pensar que, seguramente, por su mente han desfilado las imágenes de personas indigentes abandonas a su suerte en que cualquier rincón de una ciudad? ¿Tal vez la imagen de personas desahuciadas por el sistema?
Desde luego, no seré yo quien niegue que, por supuesto, esa es también la imagen de quienes han sucumbido a las garras de esta enfermedad mental que es la adicción. Y digo «también». Porque a estas personas que indiscutiblemente han sido arrebatadas de vida por ese gigante que es la adicción, hay que sumar la de todas aquellas personas de todas las etnias, edades, clase social, identidad sexual o género, que, sin mostrar(se) aún en la más terrible decrepitud, han perdido la libertad de elegir ante su conducta o su sustancia. Porque de eso va el drama de las adicciones: de perder la libertad para elegir.
Me estoy refiriendo a personas que han perdido la libertad de elegir, por supuesto ante sustancias que alteran el estado de conciencia como el alcohol, cannabis o drogas. Pero me refiero también a personas que han perdido la libertad ante el tabaco o la pornografía y ante otras conductas aparentemente más inofensivas, socialmente aceptadas (y promovidas) e, incluso, loables como el trabajo, la comida, el sexo, el consumo de productos televisivos, las pantallas y redes sociales…
Y miren, ando refiriéndome también a las personas que han convivido o conviven con personas adictas. Incluso, con personas adictas en recuperación. Sí. Han leído bien.
Porque ¿saben?
La de las adicciones, compulsiones y dependencias es una enfermedad de contagio, en la que la consabida fuerza de voluntad, por sí misma, no vale absolutamente de nada. Porque para superar el endémico y sistémico mal de este momento, las conductas adictivas, hace falta algo más que coraje y fuerza de voluntad.
Hacen falta «también» consciencia, apoyo y recursos para transitar un camino que es de una extraordinaria complejidad. Y, sobre todo, hay que empezar a deshacerse del estigma y el sesgo que rodea a la que, para mí, comienza a posicionarse como una de las más graves patologías y enfermedades de la sociedad contemporánea.
Estos son algunos de los datos, que extraigo del Informe 2023 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, ante los que, como decía mi madre, o no queremos mirar o hacemos la vista «gorda».
- El 77,1% de la población de 15 a 64 años informó haber consumido alcohol en el último año
- El 15,4% de la población encuestada ha tenido episodios de consumo en atracón (binge drinking)
- El 10,6% de la población de 15 a 64 años consumió cannabis en el último año (el 2,9%, a diario)
- El 2,4% de la población consumió cocaína en el último año
- El 13,1% de la población consumió hipnosedantes (con o sin receta)
Adicciones y conducta suicida
Y me pondré más incisiva aún. ¿Sabían que 8 de cada 10 personas que intentan suicidarse han consumido alcohol previamente?
O lo que es lo mismo:
El consumo de sustancias actúa como facilitador de la conducta suicida que, por cierto, en España, es la primera causa de muerte no natural, superando a los accidentes de tráfico.
Se estima que unas 4.000 personas se quitan la vida cada año en el país.
No sé. Qué quieren que les diga. A mí, no me parece una cuestión menor. Me parece que el de las adicciones es un desafío que requiere atención, recursos y una mirada deliberadamente consciente. Requiere valor y compromiso. Y hace falta trabajar en edades tempranas porque la conducta adictiva empieza cada vez más pronto. Claro, que, para eso, hacen falta también profesionales de la educación y de la salud, más conscientes, informados y comprometidos.
Quizá hacen falta más ejemplos de personas conocidas que, más allá del tabú, empiecen a hablar de la adicción y de la recuperación como algo normal, que nos ayude a desmitificar la imagen estereotipada de las personas adictas. Hace falta, si me lo permiten, que, algún momento, si acaso, obre el milagro que abra una puerta amable que nos permita hablar y mirar a las adicciones sin miedo a ser socialmente sancionad@s o cuestionad@s.
Si quieres saber más sobre el valor de Mindfulness o el entrenamiento de la atención plena en el proceso de recuperación de conductas adictivas, te lo resumo en este vídeo de poco más de 7 minutos.
Un artículo Con (c)alma de Raquel Paiz